Como limpiar el oro de manera eficaz para potenciar su durabilidad y belleza

El oro es un metal que ha acompañado desde hace siglos la evolución de las civilizaciones, siendo testigo y protagonista de incontables hitos históricos. Por lo tanto, se hace imprescindible conocer como limpiar el oro correctamente para potenciar la belleza y durabilidad de este material tan presente en objetos especiales.

El oro es un metal muy estable dada su inactividad frente a la mayoría de agentes químicos. Asimismo, es considerado el metal más maleable y dúctil que existe, presentando una gran densidad y siendo resistente a la humedad y al calor, propiedades que lo hacen idóneo para su empleo en joyería. De hecho, alrededor del 70 % de la producción mundial de este metal se destina precisamente a la confección de joyas.

El contacto con cremas, lociones, perfumes o maquillaje aplicados sobre la piel puede hacer que el oro pierda su aparente brillo por acumulación de impurezas. Sin embargo, con unos cuidados concretos siempre resulta sencillo pulirlo otra vez, restaurando su elegancia inicial.

Consejos para limpiar el oro

Es importante saber como limpiar el oro para tratar cada pieza de manera específica, respetando su carácter único particular:

1) Se puede proceder a la limpieza de una pieza de oro con detergente neutro, dejando reposar el objeto en agua caliente a la que se han añadido unas gotas de tal detergente, removiendo después.

Tras 15 minutos en remojo se puede extraer la pieza para frotarla suavemente con un cepillo especial para joyería o con un cepillo de dientes con cerdas muy finas. Tras enjuagarla con agua limpia y secarla con un paño suave, la pieza aparecerá limpia y reluciente.

2) Una alternativa al método anterior consiste en emplear jabón con bicarbonato. Sin calentar el agua esta vez, se frota el objeto con un trapo suave mojando en esta solución. De nuevo, se finalizará con un enjuagado abundante en agua y un secado delicado.

3) Otro método que incorpora jabón es la versión con sosa. En este caso, se prepara una dilución con jabón y sosa que se pone a hervir. Cuando la mezcla se encuentre hirviendo se retira del fuego y se incorpora la pieza de oro que se puede extraer cuando se compruebe que se ha limpiado. Finalmente, se secará con un trapo suave.

Otros métodos interesantes

5) La limpieza con amoniaco es otra opción muy eficaz, aunque ha de realizarse con cuidado para no dañar las joyas. Se prepara una solución de un litro de agua caliente y un par de gotas de amoniaco, mezclando bien.

En un recipiente pequeño se deja la pieza en remojo con un poco de esta solución, durante estrictamente menos de 60 segundos. A continuación, se enjuaga la pieza con agua y se seca, como siempre, con un trapo suave.

6) También se puede recurrir a la pasta de dientes, siendo este un método de extrema sencillez pues consiste en el frotado delicado de la pieza con la pasta y un cepillo de cerdas finas. Obviamente, habrá que enjuagar la pieza en agua y secarla suavemente para ver cómo ha recuperado su brillo.

7) Las joyas de oro también se pueden limpiar empleando el jugo de una cebolla en el que se dispone la pieza durante 2 horas. Tras extraerla se lavará abundantemente con agua y jabón, secándola con un trapo delicado.

8) En el caso del oro blanco, se puede recurrir a frotar delicadamente con un trapo untado con clara de huevo batido. También se puede proceder de similar manera pero con jugo de limón.

Finalmente, una mezcla de Coca-cola con media cucharada de bicarbonato puede ser una solución eficaz en la que se puede dejar la pieza a remojo durante unas 2 horas. En ninguno de estos casos se ha de olvidar el enjuagado y secado con un paño suave.

Otros cuidados básicos

1) Suele ser más eficaz emplear agua carbonatada o agua gasificada sin sodioque usar agua directamente del grifo, puesto que esto potencia el desprendimiento de restos acumulados.

2) Es trascendente considerar previamente qué piezas son susceptibles de ser limpiadas con métodos que empleen agua hirviendo.

Por ejemplo, si la joya tiene piezas delicadas engarzadas como el ópalo, el coral o perlas, puede que el tratamiento a altas temperaturas las dañe.

Si, por ejemplo, se trata de una pieza de oro que contiene piedras robustas como el diamante, no hay peligro en ponerla a hervir.

En general, tampoco conviene sumergir totalmente piezas que tengan gemas pegadas en la montura, pues se puede vulnerar el pegamento. En general, para estas piezas puede resultar más eficaz el frotado con pasta de dientes.

Algunas precauciones a seguir

1) Igualmente, tampoco se recomienda emplear agua a muy baja temperatura, pues esto hace que la suciedad se contraiga y se endurezca.

2) Tampoco se puede emplear la limpieza con amoniaco en piezas que incorporen perlas.

3) Hay que poner especial atención en el cepillo, el cual no ha de ser profesional, pero sí estrictamente de cerdas finas, como un cepillo para las cejas.

4) Jamás se debe usar lejía ni ningún compuesto clorado, puesto que las joyas pueden quedar dañadas permanentemente.

5) Es aconsejable usar un colador para proceder a enjuagar las piezas y, aunque parezca evidente, no hay que olvidar el hecho de tapar el desagüe para evitar accidentes.

6) Si existen restos de grasa que se resisten, se puede sumergir la joya en alcohol. A no ser que lleve gemas pegadas, pues esto podría desprender el pegamento.

7) Cabe recordar que el ópalo es especialmente delicado, con lo que debe ser cuidado con delicadeza.

8) Por último, hay que guardar las joyas en bolsas de tela fina individuales o compartimentos separados. Así evitamos que se rayen entre sí.

Resulta muy conveniente quitarse las joyas antes del baño, ducha o lavado de manos. El jabón tiende a volver opaca la superficie de oro. Del mismo modo, hay que proteger las piezas de oro del cloro de la piscina.

En definitiva, cada pieza de oro es una inversión de gran durabilidad y calidad. Por lo tanto, es fundamental saber como limpiar el oro para poder protegerlo, manteniendo su espectacular apariencia. El tiempo es oro, pero en este caso no se deben escatimar estos momentos de cuidado periódico. Así podemos garantizar la belleza de unas piezas de joyería. Además, estas pueden pasar perfectamente de generación en generación.

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